lunes, septiembre 18, 2006

Algo Diferente

La curiosidad mató al gato. Cuantas veces escuché a mi abuela decir esa corta oración. Sin embargo, aquí estoy, porque la curiosidad me consume por dentro y tengo la necesidad de saber, al menos una vez, lo que se siente.

Todo mi cuerpo está temblando y no lo puedo controlar. Es la misma sensación que tienes cuando haces algo por primera vez, algo malo o prohibido y la mezcla de miedo y excitación te sobrecogen. E Iván está sentado delante mío, con su media sonrisa, tan tranquilo y calmado que me incomoda.

Cuando me lo pidió, no creí que fuera en serio, pensé que estaba bromeando. Nunca había demostrado el más mínimo interés y la verdad es que yo pensaba que se asustaría aquella vez que surgió en una de nuestras conversaciones. Y ahora está aquí, de repente, y me pide algo que nunca pensé que fuera a pedirme. Y no puedo contener la sonrisa que lucha por aparecer en mi rostro ni mi alegría, tan parecida a la de un niño en una juguetería. Ahh, si las miradas mataran la suya ya me habría perforado un agujero en el pecho.

Odio cuando tiene esa sonrisa de satisfacción. Y odio que mi cuerpo no me responda y siga temblando. Y de repente escucho su voz, firme y varonil diciéndome:

- Veamos. Párate y quítate la ropa

Y sus palabras me llenan la cabeza y siento que mis mejillas me queman, no sé por qué. Tantas veces que hemos estado aquí en su habitación juntos, y siento que fuera mi primera vez. Y aquí estoy, sentada en su cama y él sentado detrás de su escritorio, viéndome y aún sonriendo. Y no dice nada, y me mira fijamente y sigue sonriendo y no queda más que hacer que… obedecerle.

- Tsk, tsk. No, no, no. Por favor Vanesa, lo puedes hacer mejor. No te estás desvistiendo para tomar una ducha. Te estás desvistiendo para mí.

¿Por qué me queman tanto las mejillas?

Tengo que hacer un esfuerzo por controlarme y no lanzar un suspiro de sorpresa, no sería apropiado. Pero, por Dios, nunca la he visto así, tan sensual, tan atrevida. Vaya, ha convertido el acto de desnudarse en un espectáculo visual que está ocasionando que me hierva la sangre. Pero se supone que el que está en control aquí soy yo y me muerdo la lengua antes de decir algo.

¿Eres de hielo o qué? No puedo creer que no digas nada. Y por toda respuesta me preguntas:

- ¿Lista?

Y una vez más me coges de sorpresa. No estoy lista, pero no hay marcha atrás. Asiento levemente con la cabeza, ya que las palabras no quieren salir de mi boca.

- ¿Nerviosa?

Niego con la cabeza, pero es una mentira y lo sabes. Me abrazas por el talle mientras me atraes hacia ti y me miras fijamente a los ojos. Estás todavía vestido y sin embargo tu contacto me quema y a la vez me calma los nervios.

- Como te dije antes, vamos a mantenerlo simple. Nada complicado, para que veas como es.

Asiento otra vez. No puedo quitar la mirada de tus ojos. Tus ojos, que tantas veces he visto, ahora se ven diferentes, hay algo en ellos que me sorprende, que me atrae

- OK, dame tus manos.

Tomas mis manos entre las tuyas, con gentileza y no dejo de mirar tus manos, grandes, fuertes y gentiles a la vez. Y cuando tu frente toca la mía y subo la mirada para verte, me besas con dulzura en los labios. Cuando nos separamos, tu sonrisa es otra, es juguetona y jovial, es tu sonrisa de felicidad y sonrío al verte así. Y de pronto, el roce de las cuerdas en mis muñecas me saca de mi ensoñación, mientras las rodeas una y otra vez, con firmeza pero sin apretar, con una habilidad que no conocía en ti. Y pronto el nudo queda hecho y noto que lo colocas lejos de mis dedos, fuera de mi alcance y las mariposas en mi estomago vuelven a volar alborotadas.

Estás como atontada mientras hago que te eches en la cama. Tu respiración está más rápida y cada vello de tus brazos está erizado y siento como tiemblas cuando mis dedos rozan tus mejillas y acaricio tu rostro. Bueno ¿qué sigue?

- ¿Es nylon verdad? - pregunto mientras envuelves mis tobillos de la misma manera que hiciste con mis muñecas.

- Sí. - Lo suficientemente grueso para no lastimarte y lo suficientemente delgado para poder “maniobrar”. La sonrisa que se dibuja en mi cara es de campeonato. - ¿Cómo estás, cómo te sientes?

- No sé. Es… es extraño no poder moverme con libertad. Es… raro.

- Bueno, esa es la idea. ¿Está bien? ¿No están muy ajustadas las cuerdas?

- No, no, para nada, es solo que – no puedo terminar porque me besas, con firmeza, mientras tus manos acarician mis brazos y los costados de mi torso. Pronto tu mano juega con mi pecho y tu boca besa mi cuello. Quiero sacarte tu corbata y tu camisa pero me detienes.

- No, no, no. Quietecita eh.

Y pones mis manos atadas por sobre mi cabeza.

- No las muevas de ahí.

Tu mirada es firme, fuerte y me ahogo en tus ojos. No creo poder atreverme a mover mis manos. Estoy a tu merced mientras haces lo que quieres conmigo. Me acaricias, me besas y te dejo hacer. Y tu mano pronto se insinúa entre mis piernas, acariciándome con dulzura y quiero separar mis piernas y no puedo. Es frustrante y excitante a la vez.

Vanesa me vuelve loco, siempre es así. Es tan difícil tratar de mantenerme calmado y en control cuando una mujer como ella está entre tus brazos. Sentir su piel que quema en mis manos, sentir su respiración que se congela en su garganta cada vez que la besó allí, sentir la turgencia de su pecho en mis dedos, todo ello me hace estremecer.

- No pares, no pares

- No tengo intención de hacerlo.

No puedo más. Me conoce tan bien, sabe donde tocar y como. No puedo más, me vuelvo loca, loca.

Ojalá vendieran oídos de repuesto. Sus gritos de placer son mi recompensa, pero ¡demonios!

Lo volví hacer. No puedo controlarme. No puedo controlar la risa cuando veo su cara, reprendiéndome juguetonamente. Y tu cara de sorpresa cuando digo: Más.

- ¿Más? Quieres más.

- Sí.

- ¿Segura?

- Si.

- Bueno.

Te sacas la corbata y cuando la vas a dejar sobre tu mesa de noche, me miras con esa mirada tuya, entre malévola y maquiavélica.

- ¿Qué? ¡No, no eso no! ¡Esto no lo acordamos! - ¿Por qué no lo detengo? Mis manos están atadas pero no las muevo, lo dejo hacer, mientras me cubre los ojos con su corbata y la ata detrás de mi cabeza.

- Si no te gusta, ya sabes que decir.

Lo escucho hablar mientras desata mis tobillos, solo para volver a atarlos contra mis muslos, de la misma manera que antes. Firme y sin apretar.

- Y ahora no puedes hacer nada. - Sé que me escuchas pero no sabes lo que pueda pasar. Y cuando mis dedos presionan suavemente tus pezones te veo saltar de la sorpresa.

Es extraño no poder ver. No saber que va a pasar. Cada vez que me toca es como si electricidad pasará de él a mí. Siento su aliento en mi estómago, en mi pubis. La expectativa me mata. Y el primer roce de su lengua me hace chillar. Quiero rodearte con mis piernas y no puedo, quiero coger tu cabeza y no muevo mis manos porque te estaría desobedeciendo. No puedo creerlo. Que sensación tan intoxicante. No tener control, no tener libertad, aunque sea por un momento, solo por un momento, estar a merced de otro. No puedo creerlo. Tomo decisiones todo el día, ordenó a mucha gente todo el día y ahora estoy a merced de otro, a sus caprichos y demandas, salvo por… Oh Dios.

Te tomo de las caderas para hacerte mía una vez más. Tus rodillas quieren apretarme y no pueden. Tu boca busca la mía y me besas con pasión. Tus manos siguen sobre tu cabeza y sonrió al ver que me haces caso, que me obedeces, porque así lo has querido. Tu cadera se une a la cadencia de la mía mientras muerdo tu cuello. Tu grito de placer es suficiente para mí. Tu placer es mi placer y pronto se mezclan en un torbellino de emociones.

Intento recuperar el aliento, mientras Iván me coloca de costado y me abraza por detrás. Es demasiado, todas estas sensaciones. Es demasiado. - No, no, quiero dormir así. - Maniatada y junto a ti.

- Ni hablar, no estás acostumbrada, no vas a poder dormir nada. - Sigo desatándola.

- Está bien… mi Señor. - Me miras divertido, con una ceja arqueada.

- ¿Mi señor?

- Sip. Pero no te hagas la idea.

- Vaya, que corto fue este reinado.

- Está bien… mi señor.

- Parece que hay una señorita que necesita una buena nalgada. - Por toda respuesta consigo un almohadazo.

5 comments:

Peregrino dijo...

Excelente relato, el manejo de las dos ópticas me parece que le da un sabor especial.

Nunca he atado ni he sido atado, que se sentirá esa total pérdida de control sobre la situación, me pregunto.

Nos leemos.

Lady Bathsheba dijo...

eeeeeeeeeeeeeeeeeeeh... creo que paso, en todo caso, mi Señor, El Señor, tiene licencia para atar a cuanta chica quiera, open relationship que le llaman..

AleSam dijo...

oye... tu nunca me has comentado no?
eso de las cuerdas era una fijacion del mi ex-Firme, aunque al Perverso tambien le gusta toda esa nota de cuerdas, bondage y demás macanas.
.... la verdad, yo quisiera amarrarlos a los dos,por separado claro, y bueno, creo que he visto demasiado de FemDom ;)

TORTUGA MALDITA dijo...

chamale que meyo, a mi que nadie me amarre por ningun lado, yo me debatiria hasta hacerle heridas por recuperar el poder.
He dicho y ahi nomàs...!!!

Anónimo dijo...

Hola, alguien ha hecho plagio:

http://shizumaxnagisa.blogspot.com/2009/06/algo-diferente-adaptacion-by-etoile.html